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jueves, 19 de julio de 2012

Verano, tiempo de helados, pero... ¿sabes cúal es su origen?

Con el comienzo del verano el consumo de este rico y refrescante producto comienza a dispararse y si el veranito sale caluroso como este, la verdad es que no hay nada mejor que disfrutar de un rico helado en la playa, la piscina o en una terracita. Pero... ¿sabemos cual es el origen de los helados?

La verdad es que como todo lo que se remonta en el tiempo es muy dificil concretar, pero relatos ancestrales de viajeros cuentan que unos 2000 años antes de nuestra era ya en China se mezclaba una pasta de arroz hervido con especias y leche que se envolvía luego en nieve para congelarla.

También se cuenta que los Persas mezclaban hielo o nieve con zumos de frutas y que Alejandro Magno, durante sus batallas por la zona adoptó esa práctica enterrando en nieve cántaros repletos de frutas y miel para luego consumirlos como postres helados.

Ya en Roma, Nerón mandaba a sus esclavos traer nieve de las montañas para enfriar sus jugos de frutas y los califas de Bagdad también mezclaban los zumos con hielo y nieve, combinado al que denominaban sharbet (que significa bebida en su idioma y que parece ser el origen de nuestro vocablo sorbete).

Allá por el siglo XIII Marco Polo trajo varias recetas de postres helados de sus viajes a Oriente y las introdujo en la corte italiana. En esa época debido a los pocos medios disponibles y a lo complejo de su elaboración y conservación el helado estaba considerado como un manjar de reyes.

Afortunadamente para todos, un español residente en Roma, Blasius Villafranca, descubrió que la mezcla se podía congelar más rápidamente si se añadía salitre a la nieve que rodeaba el helado haciendo más fácil su elaboración y permitiendo que los menos adinerados pudieran empezar a disfrutar de este postre.

También durante este siglo este siglo, la boda de Catalina de Medicis con Enrique II de Francia hizo que los cocineros italianos llevaran sus recetas a Francia, donde finalmente los cocineros franceses consiguieron hacerse con ellas e incorporaron huevo a la mezcla, lo que daba una mejor consistencia y sabor, mejorando ligeramente el producto.

En 1660 un siciliano llamado Francesco Procopio inventó una máquina  que homogeneizaba la mezcla de frutas, azucar y hielo y daba una textura cremosa al producto, muy similar a la que hoy en día conocemos. Procopio comercializó su mezcla en su establecimiento de París, el Café Procope y tuvo tanto éxito que hasta el propio Luis XIV le felicitó por su descubrimiento. Estamos, por tanto, ante lo que se puede considerar la primera heladería de la historia.

Las recetas llegaron a Inglaterra de la mano de los cocineros franceses en el enlace de la nieta de Catalina de Medicis con un príncipe inglés y los ingleses a su vez las exportaron a Norteamérica durante el periodo de colonización.

Poco a poco se fue investigando más y en 1846 la estadounidense Nancy Johnson inventó la primera heladora automática, sentando las bases de lo que posteriormente fue la fabricación de helados de manera industrial. La primera empresa dedicada a la producción de helados en Estados unidos fue fundada en 1851 por Jacobo Fussel.

A partir de ahí la investigación ha dervado en mezclas de todo tipo para conseguir los más variados sabores y texturas, desde los típicos de vainilla, chocolate o fresa hasta los actuales "inventos" de helados con sabor a flores, marisco, pulpo, pescado, hamburguesa, bacon, caviar o ajo.

Desde luego, no se puede decir que no hay variedad, ¿no? Además como se suele decir, para gustos... los colores.

Ahora solo queda escoger el que más te guste y disfrutar del veranito...

¡Que aproveche amig@s!

Fuente: Ona Sol Hotels

miércoles, 4 de julio de 2012

¿Se puede predecir cómo de caluroso será un verano?

Las previsiones meteorológicas con la antelación no de una semana sino de toda una estación son uno de los mayores retos al que se enfrenta los meteorólogos, y entraña una dificultad científica considerable por la inestabilidad y no linealidad de que presentan los flujos atmosféricos, principalmente en las latitudes medias. 

En un nuevo estudio dado a conocer en la revistaNature Climate Change, científicos europeos han encontrado el modo de realizar previsiones estacionales fiables que les pueden permitir prepararse frente a condiciones climáticas adversas en los sectores de la agricultura, la salud y otros. 

En concreto, científicos de Francia y Suiza coordinados por el Laboratoire des Sciences du Climat et de l'Environnement (LSCE) y el Instituto Federal de Tecnología de Zúrich (ETH-Zúrich), observaron que, después de un invierno y una primavera lluviosos en la Europa meridional, rara vez se registra un verano caluroso. En cambio, también observaron que las estaciones secas suelen ir seguidas de veranos bien bastante calurosos o bien fríos. Ello significa que la predictibilidad del calor estival es asimétrica y que las proyecciones climáticas apuntan a que la Europa meridional es cada vez más seca. Los resultados obtenidos indican que dicha asimetría debería favorecer la formación de más olas de calor en verano con una predictibilidad estacional modificada a partir de las precipitaciones invernales y primaverales. 

Según destacan los autores, en la última década Europa ha vivido varias olas de calor inusitadas en verano, con importantes repercusiones en la sociedad. Así, la ola de calor de 2003 convirtió aquel verano en el más caluroso registrado desde 1540 y provocó una grave crisis sanitaria y cuantiosas pérdidas de cultivos. Pero aún más sorprendidos quedaron los meteorólogos unos pocos años después cuando, en 2010, otra ola de calor marcó un nuevo récord. Durante aquel verano, la media de temperaturas máximas calculada en periodos de 7 días superó la media correspondiente para el periodo 1871-2010 en 13,3 grados centígrados. Los autores afirman que esos veranos extremos podrían considerarse representativos de los veranos que traerá consigo el calentamiento del clima. 

El equipo del estudio referido analizó los registros de precipitaciones y temperaturas recogidos en doscientas estaciones meteorológicas de Europa a lo largo de más de sesenta años. A partir de esos datos llegaron a la conclusión de que una pluviosidad elevada en invierno y primavera previene la incidencia de días muy calurosos durante el posterior verano, mientras que una pluviosidad baja o normal puede dar lugar bien a un número muy elevado, bien a un número muy bajo de días con temperaturas agobiantes.

Tras meses secos, existiendo condiciones anticiclónicas, se transmite a la atmósfera una intensa energía solar a través de flujos de calor, agudizando así las sequías y el calor a modo de círculo vicioso. En cambio, tras meses lluviosos, la mayor parte de la energía solar se consume en la evapotranspiración, limitando así la amplificación del calor.



Fuente: www.muyinteresante.es